Verano de 1963, tenía 6 años y fue la edad en la que descubrí el significado de la muerte, vivía con mi tío Jeremy en Canadá, para ser exactos en los bosques de Quebec. Me había quedado huérfano recientemente así que él se tuvo que hacer cargo de mi situación.
Jeremy era un hombre de pocas palabras, rudo y con un rostro que no mostraba sentimientos, no sonreía, no lloraba, era impasible ante cualquier situación. Un día me despertó pronto, todavía no había amanecido, lo único que me dijo fue: “ Hoy aprenderás a cazar ”
Me llevó monte a través durante unas cuantas horas y montó un campamento yo estaba muy cansado, pero aún así seguía motivado porque iba a aprender algo nuevo. Mi vida comenzó en ese momento.
Pasaron diez días, mi tío me enseño unos trucos básicos, como poner trampas y disparar, esto se convirtió en algo normal, lo hacíamos todos los meses, así durante años hasta que cumplí los veinte, tengo que añadir que también estudiaba, muchas veces estando de caza cuando estaba solo solía experimentar con las presas, las abría en canal y observaba el interior de los animales, adquirí una gran destreza. Un día el bueno de Jeremy me descubrió abriendo un pequeño jabalí al que abatí, había conseguido sacarle todos los órganos, estuve tres horas observando y analizándolos, me parecía algo increíble, él se enfureció por haber echado a perder aquella presa y dejó de hablarme, yo sin embargo continué realizando más experimentos, muchas veces, los llevaba acabo con los animales vivos.
Jeremy llevaba tiempo espiándome y yo ya me había cansado de jueguecitos con los animales, podía notar por primera vez el nerviosismo de mi tío, creo que eso hizo que comenzara a ser débil, ya no cazaba con la entereza de antes, dudaba a la hora de disparar, mi presencia le hacía más torpe, y yo disfrutaba con su situación.
Cierto día estando los dos preparando unas trampas, me dijo: -Se lo que haces, desde aquella vez no has parado, chico esto no es bueno para ti, deberías marcharte de mi casa-. Podía oler su miedo, me recordaba a una de tantas presas que mutilé y decapité, por un momento pensé en degollarlo y ver como se desangraba, entonces me dijo -Por qué me miras de esa manera, ¿crees que soy uno de tus animalitos? - y soltó una carcajada, ese fue el momento que aproveché para noquearlo con la culata de mi rifle, el movimiento le pilló por sorpresa y cayó desplomándose, no lo maté pero le hundí el pómulo, su cara estaba ensangrentada, -por fin mi primera presa de verdad- pensé, los animales solo fueron parte del entrenamiento, lo que realmente necesitaba era esto, interiormente estaba excitado pero mantenía la calma, sabía que todavía no había terminado.
Lo até dejándolo suspendido boca abajo, hasta que recobró el conocimiento, no podía pronunciar palabra ya que lo tenía amordazado, su mirada pedía clemencia pero sabía que iban a ser sus últimos minutos de vida, le clavé el puñal de caza bajo el ombligo, comenzó a brotar la sangre, metí mi mano en la herida y hurgué hasta que cogí el intestino, tiré de él hasta que ya no pude sacar más, Jeremy podía ver como sus vísceras salían mientras seguía vivo, yo sin embargo disfrutaba así que con el mismo puñal le abrí hasta la garganta y seguido le aseste el golpe de gracia en el corazón, la sensación que recorrió por mi cuerpo fue increíble estaba extasiado, lo que colgaba no era más que un cacho de carne así que lo solté y comencé a descuartizar el cadáver con un machete, a cada golpe podía escuchar el crujir de los huesos y ver como se desgarraba la carne, concluido el trabajo llevé los restos a una cueva y los dejé para los depredadores del bosque, finalmente limpié todas la huellas y rastros que hubiera podido dejar.
La ventaja de vivir aislados y de no tener contacto con la gente me permitió llevar a cabo mi primera cacería sin levantar sospechas.
Tres semanas después me trasladé a la ciudad, encontré un trabajo de carnicero, esto se lo debo al bueno de Jeremy, también en mis ratos libres decidí estudiar por mi cuenta libros de anatomía humana y medicina.

